Círculos de hombres: ¿Por qué los hacemos y para qué los necesitamos?

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¿Por qué hacemos Círculos de varones?

Los hombres no tenemos un camino marcado en la actualidad. Así como el feminismo inspira y guía a las mujeres hacia un desarrollo y/o evolución bastante claros, el hombre no cuenta con esta guía social. El camino del hombre se hace mientras lo anda. Mientras camina va descubriéndose y aprendiendo. Y es de gran ayuda hacer algún pedazo de este camino juntos. O compartir cómo han sido parches del camino por cada uno de nosotros.

En las sociedades tribales o comunitarias, existen o existían los rituales de paso que permitían al hombre dar el paso de niño a adulto y lo integraban en el grupo de hombres adultos. A partir de entonces, los roles marcados propios del hombre formaban parte del conjunto de actitudes y comportamientos de ese adulto. En las sociedades occidentales del siglo XXI no existen los ritos de paso para los hombres, no sabemos cuándo dejamos atrás la infancia, ni cuál es el papel que se espera de nosotros como hombres. La falta de guía y el rol desdibujado provoca una desorientación que hace que el hombre no sepa cómo comportarse en muchos momentos vitales. Los papeles estereotipados, clichés o clásicos ya no nos sirven ni satisfacen. Esto nos hace andar a oscuras, pero al mismo tiempo permite una vida mucho más personalizada y afín a nuestras tendencias de personalidad, nuestros talentos, virtudes y/o conocimientos adquiridos a lo largo de la vida. Cómo realizar este tráfico es una de las respuestas que pretenden ofrecer los círculos.

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¿Para qué los necesitamos?

Para conocernos, para aprender unos de otros, para compartir sin la competición en la seducción, para relajarnos.
Los hombres tenemos enormes dificultades para compartir nuestras intimidades. Es una de las heridas causadas por el patriarcado sobre el hombre. No solemos reunirnos para profundizar en nuestra sensibilidad, para poner palabras a lo que nos pesa oa lo que nos mueve, para abrirnos desde la vulnerabilidad. Tenemos miedo a ser juzgados. Sentimos vergüenza.

La finalidad de los círculos es crear un espacio seguro donde explorar quiénes somos y cómo queremos ser, un lugar donde reencontrarnos con nuestra esencia, reconocer nuestras fuerzas y sombras, y descubrir nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.
Un espacio para acompañarnos en nuestro propio camino de hombre, para recuperar referentes, para darnos permiso para sentir y expresarnos, y para construir, entre todos, una forma más sana, más auténtica y más consciente de vivir la masculinidad.